Así se llama el reportaje de Cuatro que muestra la horrible situación de los congoleños. Realmente hay pocas palabras que sirvan para describir esta situación con tanta claridad como las imágenes que muestran.
Creo que la primera frase del documental resume muy bien este video “Congo, ningún otro lugar del mundo ha sufrido tanto desde el final de la 2º guerra mundial, 5 millones de muertos, más de 200 mil mujeres violadas, una guerra…”
El reportaje habla a través de imágenes y testimonios impactantes, del negocio de la casiterita, mineral necesario para toda la tecnología que hoy en día utilizamos en todos los países ricos del mundo.
Habla de la vida de los congoleños en esas minas de casiterita, de la dureza de su vida. Como para llegar a esas minas tienen que caminar 50 km, soportando terribles temperaturas y una fuerte humedad. Como una vez que llegan a esas minas, su vida solo empeora, entran en unas minas sin ningún tipo de protección, nada que les asegure salir vivos de ella una vez que hayan entrado. Los mineros se mueren un día sí y al otro también por derrumbes o intoxicados por la mala ventilación de las minas. Y nadie se acuerda de ellos, la vida sigue igual. Los pocos recursos que tienen les hacen volver a la mina, que les da sueldos en tres días que de otra manera no conseguirían en años, aun sabiendo que pueden morir en ella, para poder comer, para poder alimentar a sus hijos.
Como en el poblado de la mina no hay colegios, ni médicos pero si iglesias, que les ayudan a mantener la esperanza. La corrupción es tremenda y no pueden hacer nada por que quienes les roban son aquellos de los que depende su vida.
Pero para mí la peor parte del reportaje es la visita a Lubungi, un pueblo aparentemente hermoso, pero en el que la gente sufrió mucho. El 30 de Julio todas las mujeres que vivan allí fueron violadas por los rebeldes, 284 violaciones en 4 días. Violaron desde niñas de 12 años hasta mujeres mayores de 80. Sin piedad, enfrente de sus hijos.
Como a pesar de la fuerte presencia de los cascos azules, no pueden evitar que masacres como la de Lubungi ocurran, por que los congoleños no tienen medios para poder avisarles.
Una tierra que a pesar de su sufrimiento consigue sonreír, que vive en una continua guerra y que la corrupción que se vive por los minerales solo la alimenta más y más.
Y yo me pregunto ¿cómo nos podemos quejar de nuestra vida? Con toda la suerte que tenemos de poder vivir así.



